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¿Qué hacer si un niño empieza a cojear de repente?

¿Qué hacer si un niño empieza a cojear de un día para otro?

Si un niño empieza a cojear de un día para otro, puede deberse a distintas causas: zapatos inadecuados, una pequeña herida en el pie, una caída reciente u otra molestia. En este artículo le presentamos las principales causas posibles de la cojera infantil, qué conviene comprobar primero en casa y las señales ante las que debe consultar a un profesional sanitario. 

Empiece por examinar los pies de su hijo

Si un niño empieza a cojear de repente, comience por quitarle los zapatos y los calcetines para examinarle directamente los pies.

En un lugar bien iluminado, observe las plantas de los pies, los talones, los dedos, las uñas y los espacios entre los dedos. Si su hijo tiene edad suficiente, pídale que le indique dónde le duele o siente molestias.

En un niño pequeño, sin embargo, puede ser difícil localizar con precisión el dolor. Tómese el tiempo necesario para examinar todo el pie sin presionar con fuerza ninguna zona dolorida.

Compruebe si hay una astilla o algún objeto pequeño

Una astilla puede hacer que cada paso duela. No siempre es fácil verla, sobre todo si está en la planta del pie o cerca de un dedo.
Compruebe también que no haya quedado pegada a la planta una piedrecita, un trozo de madera u otro objeto. Un pequeño corte también puede causar molestias suficientes para alterar la forma de caminar.

Si la astilla es superficial, claramente visible y fácil de sacar, puede retirarla con cuidado y limpiar después la zona. Observe cómo evoluciona el pie durante los días siguientes: el dolor debería disminuir progresivamente y el niño volver a apoyar el pie con normalidad.

En cambio, si la astilla está muy profunda, es difícil de alcanzar o no puede retirarse por completo, no insista ni escarbe en la piel. Si el enrojecimiento se extiende, aparece hinchazón o secreción, o el dolor aumenta, consulte a un profesional sanitario.

Revise las uñas de los pies

Recuerde también revisar las uñas. Una uña cortada demasiado corta puede causar dolor en la punta del dedo, especialmente cuando roza con el zapato.

Una uña encarnada también puede explicar una cojera repentina. El borde de la uña se clava en la piel y provoca dolor, enrojecimiento o hinchazón.

A veces se forma una infección alrededor de la uña. La piel puede estar caliente, roja y sensible. También puede aparecer pus. En ese caso, no intente cortar más la uña y consulte a un médico.

Busque una pequeña herida

Examine la planta del pie, el talón y los espacios entre los dedos. Una ampolla, un rasguño o una pequeña herida pueden bastar para que un niño cojee.

Compruebe también si hay alguna zona hinchada o con un hematoma. Es posible que su hijo haya pisado un juguete, se haya golpeado con un mueble o haya apoyado el pie sobre una superficie irritante.

Una pequeña lesión puede pasar desapercibida si está oculta bajo el pie. Sin embargo, duele en cuanto el niño apoya su peso sobre ella.

Compruebe si sus zapatos se adaptan bien a sus pies

Si al examinar los pies de su hijo no observa nada anormal, fíjese en los zapatos que lleva. Un par de zapatos demasiado pequeños, demasiado grandes o que no se adapten a la forma de sus pies puede causarle molestias y alterar su forma de caminar.

La talla por sí sola no basta para determinar si un zapato es adecuado. También hay que tener en cuenta la longitud y la anchura del pie, así como el espacio disponible para los dedos. Un zapato adecuado debe permitir que el pie se mueva sin comprimirlo.

Un zapato demasiado pequeño puede causar dolor

Un zapato demasiado pequeño o estrecho puede comprimir los dedos y provocar rozaduras o puntos de presión.

Los dedos deben tener espacio suficiente para moverse libremente dentro del zapato. Si la parte delantera es demasiado estrecha, puede apretarlos unos contra otros y causar dolor.

No se fíe únicamente de la talla indicada en el zapato: las medidas pueden variar entre marcas e incluso entre modelos.

Por eso, recuerde medirle los pies con regularidad y elegir la talla según sus medidas reales.

Con nuestra herramienta «Ayúdame a elegir», puede introducir las medidas de los pies de su hijo, su nivel de desarrollo motor y las características de sus pies. La herramienta le propondrá los modelos adecuados para su morfología, directamente en la talla que le corresponde. 

Un zapato demasiado grande puede alterar la forma de caminar

Por el contrario, un zapato demasiado grande no es una buena solución para anticiparse al crecimiento.
Si el zapato es mucho más largo de lo necesario o no se adapta bien a la forma del pie, al niño puede resultarle más difícil moverse con naturalidad.
Al comprarlo, lo habitual es dejar aproximadamente 1 cm de margen delante del dedo más largo. Sin embargo, este margen no debe superar 1,2 cm. Cuando el margen restante se reduce a unos 0,4 cm, es el momento de cambiar de talla. 

Pregúntele si se ha caído recientemente

Si los pies y los zapatos no parecen ser la causa, piense en lo que ha hecho su hijo durante las últimas horas. Una caída, un mal movimiento o un golpe pueden explicar que haya empezado a cojear de repente.

Es posible que su hijo no le haya dicho nada en ese momento. Puede haberse caído en el patio, haber tropezado en un escalón o haberse golpeado mientras jugaba.
{br>Pregúntele si recuerda alguna caída o algún golpe y observe sus tobillos, rodillas y piernas. Busque, en particular, hematomas, hinchazón o enrojecimiento.

Si se niega a apoyar el pie o parece tener dolor, no lo obligue a caminar para comprobar cómo anda.

¿A qué otras señales debe prestar atención?

Mientras realiza estas comprobaciones, observe también el estado general de su hijo. Cojear sin otros síntomas no es lo mismo que hacerlo con fiebre o mucho cansancio.

Tómele la temperatura y pregúntele si siente dolor cuando está en reposo. Observe si sigue queriendo jugar, comer y moverse con normalidad.

También debe informar a un médico si el dolor aumenta, despierta a su hijo por la noche o reaparece con frecuencia.

Si la cojera va acompañada de fiebre, debe consultar rápidamente a un médico. A veces puede estar relacionada con una infección articular, ósea o en los tejidos que rodean una articulación.

Una infección bacteriana puede causar un dolor intenso, hinchazón y que el niño se niegue a mover la pierna. En los más pequeños, una irritabilidad inusual también puede ser una señal de alerta.

Consulte sin demora si su hijo se niega por completo a caminar, ya no apoya el pie en el suelo o parece muy decaído. Haga lo mismo si una articulación está roja, caliente o hinchada.

¿Cuándo hay que consultar a un médico?

¿Ha revisado las uñas, las plantas de los pies y los zapatos, y ha comprobado si hay alguna herida o si se ha caído recientemente, pero su hijo sigue cojeando? Pida cita con su médico de cabecera o pediatra.

La cojera puede deberse a un problema en el pie, pero también puede tener su origen en una zona más alta de la extremidad inferior. Una exploración médica permitirá buscar la causa de este cambio en su forma de caminar y determinar si hacen falta pruebas adicionales.

Según el caso, el médico también podrá derivarlo al profesional adecuado, por ejemplo, un podólogo o un fisioterapeuta.